Acero

El cielo del frío espejea. Para quienes venimos de otros mundos que no son este de la antigua Europa del Este, este color blanco acero es nuevo, extraño, anuncio de cambios que duelen. Porque el frío duele. En el rostro, que siente finas agujas, en las puntas de los dedos, que mueren de a poquitos, en el cuerpo entero, que no entiende lo que está pasando. El frío, para quienes venimos de otras Europas que no son esta, es una dura experiencia. Y acaba de empezar.
Nos hicimos la ilusión de que no llegaría, de que este año, sí, este año, al final no nos visitaría. Tendría por fin piedad. Pero no. Silencioso, e intenso, aquí está. Para no dejarnos hasta, quién sabe, ¿marzo? Para no abandonarnos tampoco este 2016. Vino el frío a Varsovia. Otra vez.

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Mujer, española, feminista, que vive en Varsovia, Polonia, traída por el trabajo y por el destino, que ha hecho de su ser feminista un eje de vida, que ha hecho de su ser migrante una circunstancia que se ha vuelto demasiado larga. ¿Qué quiere que le cuente? ¿Por qué un día decidí que debía luchar por las que son iguales a mí pero no tienen lo que yo? ¿Que hube de salir de mi país para ver otros mundos que sostuvieran el mío? ¿Que le diga cómo es esta Polonia, que tan poco acoge, que tan dura es? Aquí estoy: soy Rosario Ortega Serrano, profesora, española, feminista, mujer, todo a la vez y no siempre por el mismo orden. Aquí me tiene: siéntese, y pregunte.

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